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Historias

Villaseca: Un pueblo construido a pulso y esfuerzo de sus habitantes

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Si bien el lento poblamiento de Villaseca se comenzó a registrar a comienzos de la de década de 1940, los primeros antecedentes datan de la primera mitad del siglo XIX, es decir antes de 1850.

La gran mayoría de las localidades del Valle de Elqui tienen el origen de sus nombres en conceptos de los pueblos originarios, algún hecho histórico  o bien de alguna característica propia del lugar:

Es así como tenemos a Marquesa, El Molle, Gualliguaica, El Tambo, Diaguitas, El Durazno, Varillar, Huanta, por nombrar algunos. En esta línea  Villaseca también tiene un origen. Si bien no existe documento palpable que lo determine, sus vecinos concuerdan que proviene de la sequedad del sector en su entonces, en donde sólo existían peladeros sin acceso a agua ni tampoco con la presencia de vegetación. Era un sector colindante a localidades más grandes, como Peralillo y Vicuña, en donde los lugareños no habitaban en demasía.

Si bien el lento poblamiento de Villaseca se comenzó a registrar a comienzos de la de década de 1940, los primeros antecedentes datan de la primera mitad del siglo XIX, es decir antes de 1850.

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En esos años la quebrada de Villaseca era fértil y convocaba a pequeños agricultores y crianceros de la zona. Eran aproximadamente 10 familias que vivían entre el pueblo hoy denominado Villaseca y la aguada de El Sauce, además de los sectores El Agua de Guerrero, Las Trancas Grandes, Las Trancas Chicas, La Coipa. Estos fueron  los primeros pasos de la localidad, eran casas de adobes, construcciones realizadas por los mismos habitantes que le daban forma a una comunidad.

Un antecedente importante en la historia de este poblado, es la decisión a comienzos del siglo XX de  construir el cementerio de Peralillo. Este se realizó en un lugar alejado del pueblo, en lo que es hoy es Villaseca. El tránsito constante a este sector, en donde sólo existían piedras y peladeros, dio píe a que personas se interesarán en ir a vivirá allí y realizar labores de agricultura, especialmente lo relacionado a la plantación de frutas y verduras.

Paralelamente se inició la llegada de crianceros que comenzaron a ocupar las tierras más cercanas a localidades céntricas, considerando la existencia del río, entre ellas terrenos desocupados de Villaseca.

Un tercer antecedente es la masiva llegada de familias desde otros puntos del Valle de Elqui, especialmente del interior, como también del norte del país. Entre las primeras familias que habitaron este lugar  fueron los Cabello, Blanco, Flores, Saso, Ibacache, Espejo.

Estos fenómenos comenzaron a darle forma al pueblo. No eran más de 5 casas las que existían a mediados del siglo XX, alrededor de 1940. Uno de ellos era Juan José Cabello, quien vivía en donde existe hoy la plaza del pueblo. Don Roberto Cabello también, quien habitaba el lugar en donde hoy funciona el centro de eventos Coloso Tropical.

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La señora María Cristina vivía en donde hoy está levantado el restaurante Solar de Villaseca. Así también Ismelda Rojas Saso, quien fue una de los primeras ren levantar su casa en el lugar.Elquiglobal

A la llegada de vecinos, se comenzó a desarrollar sectores productivos. El primero de ellos fue el que construyó don Avelino Pérez y su señora Sara Díaz, agricultor  que regaba su producción con una rueda que giraba con el viento y que estaba introducida en el canal Alto de Peralillo. Con esto se sembraban tomates, ajíes, cebollas y uva.

Cada una de las familias que llegaba a este lugar se construía su casa donde lo deseaba, no existía regulación para aquello, ni tampoco demasiada demanda por los terrenos, sólo algunas pocas. Posterior a aquello eran los comuneros quienes organizaban la entrega de los terrenos para tener un orden, entre ellos don Miguel Tagle. Los mismos vecinos comenzaron a construir las calles del pueblo a darle un ordenamiento. La primera calle que se formó fue la denominada Navarino.

Como se evidencia, poco a poco el pueblo comenzó a tomar forma y se necesitaba de un lugar público, un espacio que fuera compartido por todos. Para construir la plaza, los  hermanos Cabello, Roberto y José Luís, doraron el terreno, incluso los arboles más antiguos que están allí en la actualidad fueron plantados por ellos. Este espacio público hoy en día lleva el nombre de Plaza Hermanos Cabello en honor a estos primeros lugareños.

Queda de manifiesto que existía una preocupación constante para hacer de Villaseca un lugar apacible para vivir. Y en esta línea los mismos vecinos, dos veces al año, habitualmente en septiembre para Fiestas Patrias  y en diciembre para Navidad y Año Nuevo, acudían a un sector denominado La Aguada para traer tierra de colores y pintar cada una de sus casas de adobes. Esa tierra se harneaba y se les ponía penca de tunas para se cortaba la tierra. “Era una hilera de gente en burro que acudía a buscar tierra de colores para presentar su hogar de la mejor manera”, cuenta un vecino.

La pintura duraba años, tal como lo hicieron las casas, las que en su gran mayoría se cayeron con el terremoto de octubre de 1997. Luego de allí mucha gente postuló a subsidios y otro porcentaje construyó en solido, dejando atrás esa hermosa tradición.

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Formación de la comunidad social

 

Si bien la vida comenzó a cimentarse en un mismo lugar, de todas formas las personas debían suplir sus principales necesidades sociales y espirituales en Peralillo, entre ellas  la escuela, iglesia y la organización comunitaria, como la junta de vecinos.

En este sentido, y pese a que la mayoría de los vecinos de Villaseca asistieron a educarse a la escuela Edmundo Vidal Cárdenas de Peralillo, existió un establecimiento en la localidad a comienzos de la década de los setentas, estuvo durante tres años, 71, 72 y 73, y con el golpe de estado la escuela se cerró. Las clases se realizaban en la sede social, que en ese entonces era de adobes. La profesora Mirta, quien venía de Coquimbo, impartía todas las temáticas a los 25 alumnos que asistían a primero, segundo y tercero básico, que funcionaban como anexo del establecimiento de Peralillo.

En tanto, las organizaciones comunitarias nacieron en la década de los sesentas, siendo la fecha de inicio de la junta de vecinos en octubre de 1964. Previo a aquello sólo se trabajaba en comités de adelanto. Pero nació la inquietud de independizarse de Lourdes, en donde realizaban sus labores vecinales como organización. Quisieron tener su propia autoridad para trabajar en diversos proyectos y una de sus primeras tareas fue contar con luz eléctrica, lo que tuvo sus frutos en el año 1969, cuando logran extender una línea hacia el pueblo. Esto se logró luego de diversas actividades para reunir fondos que realizaban en distintos puntos de la zona, entre ellos Peralillo, El Durazno y Lourdes.

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En 1979, una década después,  y al igual que la luz eléctrica, se logró extender una matriz para el agua potable desde el sector de El Durazno. Para poder lograr que llegara a todos sus habitantes, ubicaron dos grandes copas, desde donde la gente llevaba el agua a sus hogares en baldes. Pasaron largos años para que Villaseca tuviera agua potable en cada uno de sus casas, proceso que comenzó en 1988 y finalizó en 1996. Esto fue a través de la sanitaria de turno, la que en la actualidad es Aguas del Valle.

Antes que se contará con luz eléctrica, las casas se iluminaban con velas y chonchones. El agua, por su parte, era sacada del mismo canal y purificada con pencas de tunas, además de cuescos de damasco y duraznos.

Una de las instituciones que también aportó en los cimientos del pueblo fue el Centro de Madres, espacio recurrente de reuniones y capacitaciones para las mujeres, quienes también trabajaron arduamente de la mano de la junta de vecinos para conseguir los diversos logros de la comunidad. “Si había que sacar piedras de un sitio para una familia, las socias lo hacíamos”, recuerda una de sus miembros.

Panoramas y vida diaria

Una de las características propias de los vecinos de Villaseca es la unión y el trabajar en conjunto. Así también quedaba demostrado al momento de compartir cosas y situaciones. Considerado la llegada de la luz eléctrica, a los años trajo de la mano la televisión. Pero no la televisión como la conocemos hoy en día, pues en ese entonces era algo privativo económicamente para un gran porcentaje de la población.

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Corrían los últimos años de la década de los 70 y la señora Irene Chepillo fue la primera que tuvo televisión en su casa, lo que fue todo un hito para el resto de la población. Con mucha buena voluntad ella, quien vivía en un sector céntrico, en lo que hoy es la plaza, dejaba que diariamente la gente fuera a ver programas en el patio de su casa. Los asientos eran troncos con maderas atravesadas que hacían la función de las butacas del cine con los que niños, jóvenes y adultos disfrutaban de estos momentos de recreación. Tardes de Cine, la Mujer Biónica, el Hombre Nuclear, Ship: Patrulla Motorizada, Heidi, el Hombre Increíble, eran algunas de las series que se presenciaban día a día. “Ellos seguían con sus labores diarias, habrían su intimidad como familia, mientras nosotros veíamos televisión, era algo muy sano y lindo. En la puerta había un tarrito de Leche Nido para cooperar con el gasto de luz. La televisión en blanco y negro funcionaba todo el día incluso era un panorama desde donde salieron muchos matrimonios, era el teatro del pueblo”, rememora uno de los asistentes.

Otro panorama típico de la infancia de muchos vecinos eran las pichangas de 5 por lado en el sector denominado Las Arenas. Este lugar, ahora es aledaño al coloso tropical. A este sector llegaban los jóvenes alrededor de las 5 de la tarde, pues era algo habitual día a día.

Estos mismos jóvenes fueron los que crearon el teatro itinerante, el que fue conocido en muchos carnavales de verano e invierno en localidades vecinas a partir de 1974. Este dependía del centro juvenil, grupo de 30 personas quienes se encargaron de hacer innumerables veladas, lo que se convirtió en una tradición durante años. “La gente se preparaba para ir a ver estos shows, se juntaban  fondos para la institución y se hacían algunas giras también en el Valle de Elqui, incluso nos invitaban a la comuna de Paihuano”, relata uno de sus fundadores.

Así también se organizaban limpiezas de calles y arreglos de postes de luz. Lo que se hacía año a año como parte de las actividades recreacionales de verano. La primera de ellas fue cuando se instalaron los primeros 7 postes de luz, oportunidad en que cada vecino debía arreglarlo con algo entretenido. Fue la señora Rosa Campos y su marido don Lucho quienes hicieron una ramada y recibían a los asistentes vestidos a la usanza.

En tanto, el pueblo a mediados de los ochenta contó con su primer almacén, que era un kiosco hecho en madera de propiedad de don Guido Espejo, en donde se compraban los abarrotes básicos para el hogar y las golosinas de los niños. Antes de aquello los vecinos acudían a Peralillo y Vicuña a comprar. En el mismo lugar se instaló el primer taca-taca, lo que fue la entretención de grandes y chicos durante años.

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Hechos que marcaron

Existen hechos que marcaron la historia de Villaseca. Uno de ellos ocurrió en el año nuevo de 1984, oportunidad que se hizo un baile masivo. El lugar elegido, el espacio en donde hoy existe el centro comunitario. Lamentablemente se produjo un incendio en donde se quemó todo, la pista de baile construida por los vecinos y los instrumentos del grupo “Estándar”,  liderada por Roberto Cortés, quienes eran una de las bandas más solicitadas de la región junto al “Grupo Uno”.

Fue la última actuación que realizaron. “Ellos se preparaban para tocar la segunda noche, el 01 de enero, se fueron de paseo a Rivadavia y en esa tarde, previa  a la última noche, se incendio todo, incluso hubo gente que se quemó los brazos y todos los instrumentos”, cuentan los vecinos.

El detonante de este triste episodio fue un juego de niños con petardos, que generaron el fuego y como era una ramada se quemó en escasos minutos.

Otro de los episodios que marcaron a Villaseca fue una de las crecidas más grandes de la quebrada, la que dejó a la mitad del pueblo aislado. Así también el suicidio de Julio Salas al interior de la quebrada del sector.

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Otra arista importante de la historia y la actividad social fue la venida de los ejercicios navales UNITAS de la  Armada de los Estados Unidos. Esto ocurrió  en 1991 y asistieron  una delegación de alrededor de 40 personas. Ellos hicieron una travesía desde Río Hurtado hasta Villaseca. Estaba todo planeado, pero algo falló al final, pues la persona que estaba encargado de esperarlos en la Ruta Antakari, se dedicó a otras labores, pues era el mes de septiembre y existían tentaciones más atractivas para él, por lo que luego de beber algunos tragos se quedó dormido. Los marinos se perdieron y nunca llegaron a la hora acordada, que era el medio día, para lo cual los vecinos le habían preparado un recibimiento con comidas típicas.

Como ya era el atardecer y no llegaban, los mismos vecinos salieron a buscarlos, encontrando sólo un grupo, quienes finalmente pudieron disfrutar de las exquisiteces de las cocinas solares, que en ese entonces recién estaban partiendo.

Como queda reflejado, Villaseca es un pueblo con mucha historia, que ha tenido un desarrollo sostenido, en la actualidad están prácticamente urbanizados. Este es sólo el comienzo de un futuro esplendor gigante para toda su comunidad, y esto se ha realizado con el pulso y enorme esfuerzo de sus vecinos.

 

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Historias

Pisco Elqui: el icono turístico y patrimonial del Valle del Elqui

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En un principio se llamó La Greda, luego La Unión hasta 1936 que tomó el nombre que lleva hasta hoy.

Pisco Elqui, pueblo conocido en sus comienzos como La Greda, debido a que se encuentra asentado sobre la Quebrada de la Greda,  cambiado posteriormente a La Unión y luego a Pisco Elqui debido a que ahí también se fabricaba el pisco, “donde indios y españoles en el siglo XVI extraían el material para fabricar las botijas pisqueras”.

El nombre de La Greda lo tuvo hasta el año 1873, época en la cual, tras una epidemia de viruela y producto de la solidaridad surgida entre sus habitantes a consecuencia de la tragedia, los vecinos acordaron designarlo con el nombre de La Unión.historia_pelar-f1f07403

El 20 de marzo de 1873, por decreto se ratificó el nombre dado a la localidad, al designar como La Unión a una de las subdelegaciones del Departamento de Elqui.

Posteriormente, el 1 de febrero de 1936 cambia su nombre a Pisco Elqui, mediante la Ley Nº 5.798, que estableció que “El pueblo de La Unión del Departamento de Elqui, se denominará, en lo sucesivo, Pisco Elqui”. Dicha ley se generó por una iniciativa presentada por Gabriel González Videla, por entonces diputado por La Serena, lo que sirvió para darle Denominación de Origen al pisco en nuestro país.

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La historia de este pueblo sostiene que fueron los propios vecinos quienes sugirieron al párroco de la época, Miguel Alcayaga Mamapa, la construcción de un lugar de oración. Por lo que la  iglesia, que actualmente es una reliquia e icono turístico del pueblo, nació de una necesidad de la comunidad.

Los planos llevan el nombre del ingeniero francés Gustavo Eiffel, a quien se debe su fachada ojival y su torre de 30 metros de alto. La inauguración demoró —pues para la obra se tuvo que traer carretas hasta el pueblo—, por lo que la primera misa se celebró recién en 1922. madera de pino oregón desde Estados Unidos hasta el puerto de Coquimbo, para luego enviarla a Rivadavia en tren y recién ahí ser transportada en la

En la actualidad, Pisco Elqui, representa uno de los destinos más visitados durante el año a nivel nacional, tanto así que en temporada alta, en Fiestas Patrias y feriados de fin de semana largo, la ocupación llega al 100%.

Sin lugar a duda Pisco Elqui es uno de los pueblos más hermosos de la zona, cuenta con su llamativa iglesia y una plaza muy tranquila y acogedora. En este lugar podrá encontrar una gran variedad de artesanía y productos típicos de la zona. Pisco Elqui cuenta con todas las comodidades, posee Hoteles, Camping, almacenes, y restoranes típicos.

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Actualidad

La cruda historia ocurrida en Gualliguaica que desencadenó querella criminal contra Cheyre

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El hecho ocurrió el 08 de diciembre de 1973 en la Quebrada de Angostura en este pueblo de la comuna de Vicuña.

El hecho volvió a la opinión pública en las últimas semanas. Ha sido tema de discusión y conversación en los medios de comunicación, teniendo como una de las últimas consecuencias la querella criminal contra el ex comandante en jefe del ejercito y el hasta la semana pasada Jefe del Consejo Directivo del Servel, Juan Emilio Cheyre.

La querella, que se hizo en la  Corte de Apelaciones de La Serena, la llevaron a cabo los querellantes Esteban Silva, Rony Nuñez y el abogado patrocinante de la causa, Roberto Ávila. Según explicó Silva, «hemos presentado esta demanda en contra de Cheyre por incumplimiento de sus deberes como funcionario público en relación a un hecho que causó conmoción, por que un hecho como la muerte de los padres de Ernesto Ledjerman, que después se supo fue un asesinato, un funcionario público como lo era él, tenía obligación de colocar en conocimiento, en autos a la justicia».

Historia del hecho

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Todo comenzó en la madrugada del 8 de diciembre de 1973, cuando  una patrulla militar del Regimiento «Arica» de La Serena, al mando del oficial de Fernando Polanco Gallardo, conducidos por el lugareño Luis Horacio Ramírez, quien había sido detenido y torturado el día anterior -irrumpió en la Quebrada de Angostura, posesión Los Perales, en la localidad de Gualliguaica, donde habían unas cuevas en las que se había refugiado Bernardo Mario Lejderman Konujowska, su cónyuge mexicana María del Rosario Avalos Castay el hijo de ambos, Ernesto, de menos de dos años de edad.CEPT Comunicaciones

Según lo relató Luis Horacio Ramírez ante el Tribunal, él fue detenido el 7 de diciembre de 1973 por efectivos del Regimiento «Arica», cuyo comandante era el teniente coronel Ariosto Lapostol. Se le interrogó y torturó sobre unas personas que estaban ocultas en Quebrada de Angostura y para las cuales el testigo les había conseguido ropa. Una vez obtenido los antecedentes, se formó un piquete integrado por unos 10 militares bajo el mando de un oficial de apellido Polanco. También iba un sargento de baja estatura, gordo, moreno y de unos 30 años.

Cuando se acercaron al lugar, los militares dejaron al testigo a unos mil metros del lugar, mientras ellos recorrían solos la distancia que los separaba de los hornos. Al poco rato, Luis Ramírez sintió disparos y luego llegó hasta él, el sargento, quien le dijo que tomara una pala y una picota para hacer una excavación. El militar lo llevó consigo y, a unos 150 metros de las cuevas, el testigo vio el cuerpo de la mujer (María del Rosario Avalos), el que tenía mucha sangre en el tórax. No vio al hombre. Cuando se retiraron del lugar, los uniformados llevaban en brazos al niño.

Al día siguiente, acompañado por Modesto Pastén (ya fallecido). Luis Ramírez volvió al lugar, y, en una quebrada, donde existe una vertiente, encontró el cadáver de Bernardo Lejderman. Estaba cubierto de sangre. Junto con Modesto Pastén cavaron una fosa y enterraron los restos. Diecisiete años después, el 1° de agosto de 1990, se exhumó el cuerpo.

El pequeño Ernesto fue llevado por los militares a la Casa de la Providencia de La Serena, donde fue ingresado a solicitud del Jefe de Plaza e Intendente de la Provincia, Teniente Coronel Ariosto Lapostol. Permaneció allí hasta el 8 de enero de 1974, fecha en que fue sacado para ser llevado a Buenos Aires, donde sus abuelos paternos.

A María del Rosario Avalos Castañeda, a través de gestiones diplomáticas, se la exhumó en abril de 1974 y sus restos fueron trasladados al Cementerio General de Santiago. Oficialmente, el Ministerio de Relaciones dijo al Encargado de Negocios de México en Chile que ella se había suicidado haciendo estallar un cartucho de dinamita que llevaba consigo. Por su parte, la Embajada Argentina, por medio de su Encargado de Negocios, José Alberto del Carril, hacía trámites y consultas en relación a la suerte corrida por Bernardo Lejderman Konujowska.

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El 3 de enero de 1974, Enrique Carvallo Díaz, Subsecretario de Relaciones Exteriores de la dictadura, respondió que Lejderman era un peligroso activista que estaba siendo buscado por una patrulla militar en la zona cordillerana. Cuando se le encontró, en la localidad de Gualliguaica, y, al verse éste sorprendido, intentó huir. Como no lo lograra -continuaba la respuesta oficial del Gobierno chileno- hizo estallar un cartucho de dinamita que llevaba entre sus ropas. «Dado que su muerte se produjo por su propia voluntad, no procede establecer responsabilidades por el hecho».

Días después, el 14 de enero de 1974, Relaciones Exteriores amplió la información que había entregado a la Embajada Argentina. En esta oportunidad agregaba que como sus restos quedaron diseminados por el lugar, el piquete debió juntarlos y darles sepultura, sin que fuese posible hacerle una autopsia.

Diecisiete años más tarde, el 01 de agosto de 1990, cuando se exhumó el cuerpo de Bernardo Lejderman, su cuerpo estaba entero. Sepultado a unos 40 centímetros de profundidad. Ninguno de sus huesos presentaba lesiones y las vértebras, aunque ya desarticuladas por el paso del tiempo, estaban completas, al igual que los restos óseos de la cara y cabeza, de las piernas y brazos, del tórax y de la pelvis.

Bernardo Lejderman, argentino, y su cónyuge María del Rosario Avalos Castañeda, mexicana, habían ingresado a Chile en 1971. Él lo hizo en el mes de marzo de ese año y, al poco tiempo, por sus vinculaciones con la izquierda y el Gobierno de la Unidad Popular, fue perseguido.

Aunque no se dispone de una información acabada, se sabe que Bernardo Lejderman, junto a su cónyuge e hijo decidieron irse al sector de la Aguada en busca de refugio. Su condición de extranjeros y el hecho de estar siendo procesado por sus ideas, hacían temer por su seguridad y la de su familia. Amigos de la víctima relatan que éste esperaba que se dieran las condiciones para poder cruzar la cordillera hacia Argentina cuando fue ejecutado por los militares.

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Hasta la fecha en que fueron encontrados los restos del afectado (año 1990), permaneció en calidad de desaparecido, ya que no se inscribió su defunción en el Registro Civil hasta el año 1991.

Organismos de Derechos Humanos de La Serena, presentaron, el 31 de julio de 1990, una denuncia por el delito de Inhumación Ilegal de Bernardo Lejderman en el Juzgado del Crimen Elqui-Vicuña.

Junto con relatar las circunstancias de la muerte del afectado, su sepultación ilegal y su permanencia en calidad de desaparecido durante diecisiete años, en la presentación se solicitó la exhumación de los restos del afectado.

El Juez David Salazar Catalán acogió la denuncia rolándola con el N°14090, y el 01 de agosto de 1990 se constituyó en la Quebrada de Angostura procediendo -junto a un equipo de peritos- a realizar las excavaciones que culminaron con el hallazgo de las osamentas de Bernardo Lejderman.

Posteriormente, el 8 de agosto, ante el mismo Tribunal se presentó una querella por los delitos de Homicidio, Inhumación y Exhumación Ilegal cometidos en contra del afectado y su cónyuge, María del Rosario Avalos, la que fue acumulada al proceso 14090.

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Durante la tramitación del proceso no fue posible individualizar al oficial de apellido Polanco (más arriba ya están identificados, cuatro de esos militares) ni a los integrantes del piquete militar que intervinieron en la muerte del matrimonio. El 14 de septiembre de 1990, el Mayor General Hugo Salas Wenzel, Jefe del Estado Mayor General del Ejército, (posteriormente Jefe de la CNI, la policía represiva de la dictadura) respondió a un oficio del Juzgado del Crimen Elqui-Vicuña, «los antecedentes proporcionados por el Tribunal son insuficientes para individualizar a la persona que se menciona (Polanco). Por otra parte, la Institución no cuenta con antecedentes respecto a qué personas integraban la patrulla militar que actuó en el operativo realizado al interior de Gualliguaica, ni por orden de quién se realizó ese operativo».

Cuando aún estaba pendiente la exhumación del cuerpo de Rosario Avalos, a quien se enterró en 1974 en el Cementerio General de Santiago para realizar la autopsia que definiera las causas de su muerte; determinar la efectividad de la detención y la participación de dos profesores de La Serena (habrían recolectado ropa para el niño); y personalizar al oficial de apellido Polanco y a los miembros de la patrulla; el II Juzgado Militar de Santiago intervino en la investigación solicitando la incompetencia del Juez David Salazar Catalán.

El 20 de febrero de 1991, el Juez Militar, Brigadier General Guido Riquelme Andaur, pidió la inhibitoria del Juzgado Elqui- Vicuña para continuar sustanciando el proceso porque en los hechos investigados «habría cabido participación a personal del Ejército en acto de servicio». El 18 de marzo del mismo año, el Juez David Salazar no dio lugar a la incompetencia, elevando la causa a la Corte Suprema de Justicia. El 5 de mayo de 1991, ésta resolvió en favor de la Justicia Militar.

Poco antes de esa resolución, el 14 de marzo de 1991, David Salazar había ordenado al Registro Civil de Vicuña inscribir la defunción de Bernardo Mario Lejderman Konujowska «cuyo fallecimiento ocurrió al interior de la localidad de Gualliguaica, Quebrada de Angostura, el día 8 de diciembre de 1973, en horas de la madrugada, presumiblemente por múltiples heridas».

Fuente: Cambio 21

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Historias

Tren Elquino: una historia de nostalgia y patrimonio en el valle del Elqui

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El servicio se realizó hasta junio de 1975,  cuando se suspendieron definitivamente los servicios.

La historia de este ferrocarril comienza con la fundación de la Sociedad Ferrocarril de Elqui, mediante escritura pública del 10 de Septiembre de 1882 y cuyo objetivo era construir una vía férrea que, comenzando en La Serena, ascendiera hacia el oriente siguiendo el curso del río Elqui (llamado en aquel tiempo río Coquimbo), alcanzando los poblados de Vicuña y Rivadavia.

Si bien este objetivo fue cumplido por tramos entre 1884 y 1886, el objetivo final de la sociedad era convertirlo en un Ferrocarril Trasandino, ascendiendo hasta el paso de Agua Negra, a 4760 mts. de altura y cruzando desde allí a la vecina república Argentina, propósito que nunca llegó a cumplirse.

Tal como se ha dicho, esta vía fue construida por tramos, entregándose la primera sección entre La Serena y Marquesa el día 4 de Agosto de 1884. Más tarde en 1885 se entregaba la segunda sección hasta Vicuña, pueblo natal de la poetisa y premio Nóbel Gabriela Mistral. Finalmente el día 12 de Abril de 1886 se abría la tercera sección hasta Rivadavia. En total 93.9 kilómetros, incluidos 6 túneles.

El siguiente cuadro muestra las distancias contadas desde La Serena, punto de partida original del trazado, aunque más tarde, al construirse la red norte, estas comenzaron a medirse desde la cabecera del ramal en Islón.

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En el año 1888, producto de una crecida excepcional del río Elqui la vía, que en ese momento corría paralela a la actual carretera en el lado sur del río, fue destruida casi por completo, por lo que la Sociedad, viéndose imposibilitada de reconstruirlo, ofreció vendérselo al Estado de Chile. Dos años más tarde, mediante un decreto del año 1890 el Fisco determina su adquisición, la que solo llegó a hacerse efectiva en 1895 debido a razones presupuestarias.

Una vez que el Estado de Chile adquirió las ruinas de este ferrocarril, decidió reconstruirlo siguiendo un nuevo trazado, esta vez por una meseta contigua al norte del río Elqui, lejos de eventuales nuevas crecidas. Además, aprovechó el tramo desde La Serena hasta Islón para que formara parte de la vía Longitudinal Norte.

Inicialmente, este ferrocarril fue operado con locomotoras de los tipos G, K y Q además de coches de madera. Posteriormente, una vez que se incorporó la tracción diesel, se utilizaron locomotoras del tipo Dt-4000 y Dt-6000 para traccionar los trenes que tenían su punto de partida en la ciudad de Coquimbo. Durante su vida activa, este ferrocarril fue operado también con automotores suizos Schindler, y aunque no disponemos de información sobre el número de pasajeros transportados, se estima que era alto ya que era el único ramal de la red norte que no utilizaba trenes mixtos (pasajeros y carga al mismo tiempo) sino solo trenes de pasajeros.

El itinerario de los automotores ya mencionados consideraba dos servicios diarios en cada sentido, saliendo el primero desde La Serena a las 9:30 horas para llegar a Rivadavia a las 12:00 horas, el siguiente salía a las 16:30 para llegar a Rivadavia a las 20:00. Por su parte, los servicios desde Rivadavia a La Serena salían a las 7:00 y 17:00 hrs. donde combinaban con el ferrocarril proveniente de La Calera.

Tal como ocurría en la zona central de Chile, durante los veranos en las décadas de los 40 y 50 se operaron adicionalmente trenes excursionistas entre Coquimbo y Rivadavia.

Lamentablemente este ferrocarril cuenta en su historia con un doloroso accidente ocurrido durante el verano de 1972 y que nos fue narrado por nuestro colaborador Luis Carrasco:

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Un domingo de verano por la mañana, un tren cargado con escolares subió desde La Serena a conocer Vicuña y el Museo Gabriela Mistral, no presentándose ninguna anormalidad durante el viaje de ida. Una vez que llegó a su destino, el convoy escolar se ubicó en una de las líneas laterales de la Estación de Vicuña y la locomotora diesel fue trasladada de un extremo a otro del tren para el regreso. Después de almuerzo, los niños comenzaron a regresar al tren para retornar a La Serena y sin problemas comenzaron a subir a los vagones que les esperaban y a tomar asiento en medio de risas, juegos y bromas. Mientras tanto el personal del tren ultimaba los detalles de movilización en la oficina del Jefe de la Estación y ellos se preparaban ya para abordarlo contando con la asignación del itinerario correspondiente para usar la vía, que a esa hora y por ser domingo, estaba desocupada.

El tren debería ponerse en marcha en unos diez minutos más y la locomotora con sus motores en ralenti, estaba detenida sobre los rieles con los vagones enganchados. Pero, de acuerdo a lo que les indicaba una de las profesoras a los ferroviarios, aún habían algunos rezagados y eso motivó una discusión que distrajo la atención que sobre el tren debía tener el personal de la estación. De un momento a otro, silenciosamente y sin que nadie lo notara, el tren comenzó a desplazarse vía abajo. Los profesores y los alumnos que estaban en los vagones pensaron que nada anormal sucedía y que se iniciaba el viaje de regreso. Mientras tanto el personal del tren, al percatarse de lo que ocurría, intentaba infructuosamente alcanzar al tren en marcha, pero la pendiente de la vía entre Vicuña y Molle fue acelerando rápidamente al tren hasta ponerlo absolutamente fuera de control.

Unos ocho kilómetros más abajo, la vía hace una fuerte curva hacia el cerro en lo que se conoce como la Cuesta de Gualliguaica. A un lado de la vía, el cerro; al otro, un precipicio y abajo el río Elqui. En ese lugar los vagones, cargados con niños y profesores, saltaron al vacío provocando una tragedia que enlutó a todo Chile.

Producto de esto, la Empresa de los Ferrocarriles abrió un estricto sumario para identificar las causas de la tragedia, determinándose entre otras cosas que:

1) La Estación de Vicuña, de antiguo diseño, tenía una pendiente hacia el poniente que si bien para trenes corrientes no revestía mayor riesgo, para un tren corto y liviano, si que la tenía. Se debe indicar aquí que todas las estaciones de la Zona Central deben tener pendiente cero entre ambos extremos, pero el trazado de la vía en Vicuña, por estar en una zona montañosa, debió aceptarse con esa ‘pequeña’ pendiente por las dificultades que presentaba el terreno a los ingenieros que la construyeron.

2) No se supo a ciencia cierta cómo fallaron los frenos de aire, basados en el sistema Westinghouse, que son estándar en casi todos los ferrocarriles del mundo. Aparentemente, al estar los motores de la locomotora diesel funcionando a marcha lenta, la presión del aire en el sistema comenzó a subir inadvertidamente y la válvula de sobrepresión no funcionó. Alguien dijo que eso pudo haber abierto las zapatas de los frenos del tren, situación que nunca fue total y técnicamente aclarada, ya que es sabido que bajo cualquier circunstancias, los frenos deben fallar cerrándose sobre la ruedas y deteniendo el tren.

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3) Se adujo también que el tren debería haber estado detenido con zapatas adosadas a las ruedas, por tratarse de un tren en espera de pasajeros por más de una hora. Esta situación estaba contemplada en reglamentos antiguos de la empresa, pero su uso con los años se había ido dejando de lado y no se practicaba del todo.

Es necesario considerar además que a fines de los años 60’s el equipo de la Zona Norte sufría un importante grado de abandono y falta de repuestos debido a los profundos problemas de financiamiento que azotaban a los FFCC del E.

El accidente de Gualliguaica, junto con llevarse las vidas de muchos niños, incluso hijos de funcionarios de ferrocarriles, fue un fuerte golpe al prestigio de los ferroviarios de La Serena y al de la Empresa en general. Tal fue la conmoción que provocó este hecho, que el Presidente de la República, Salvador Allende, se trasladó al lugar de la tragedia en un avión de la FACH esa misma noche, acompañado del Sub-Director de Ferrocarriles, ingeniero Guillermo Fernández. Allende solicitó las máximas penas que el Estatuto Administrativo de la Empresa asignaba a los responsables de esta clase de negligencias y dejó fuera del servicio al propio Director de los FFCC del E.

A pesar de este trágico accidente, el ferrocarril siguió operando por algunos años más con jefes de estación en Islón y Rivadavia, hasta que en junio 1975 se suspendieron definitivamente los servicios (el longino había dejado de operar tres meses antes). Luego, en 1986 cuando la vía pasó a ser propiedad de Ferronor, las estaciones fueron vendidas y las vías fueron levantadas desde Islón hasta Rivadavia. Un puente metálico existente cerca de Vicuña fue trasladado por EFE al ramal Talca – Constitución. Posteriormente, Ferronor levantó otro de los puentes metálicos para colocarlo en la red central sobre el río Elqui, reemplazando el original que se encontraba en muy mal estado.

Hoy en día sobreviven los edificios de las estaciones Algarrobal, Vicuña y Rivadavia pero se encuentran totalmente abandonados y desmantelados, aunque debe destacarse el caso puntual de la estación de Gualliguaica, la que, al construirse el embalse Puclaro quedó bajo el nivel de las aguas del río Elqui junto con el resto del pueblo del mismo nombre. Sin embargo, la comunidad, reconociendo el valor histórico de su estación obligó al gobierno a construir una réplica de dicho edificio en el actual emplazamiento del pueblo. Así también hay que destacar que sean recuperado estaciones como la de Marquesa y El Arenal, en donde se han realizado proyectos culturales.

Al igual que el pueblo de Gualliguaica, un túnel cercano quedó bajo el nivel de las aguas al llenarse el embalse, por lo que hoy es prácticamente imposible verlo, sólo en época de sequía.

Estación Km
La Serena 0
Islón 21.8
Altovalsol 30.3
Punta de Piedra 31.8
Las Rojas 37.8
Pelicana 43.1
Marquesa 47.3
El Molle 50.1
El Almendral 56.0
Gualliguaica 63.8
El Tambo 69.6
Vicuña 74.4
San Isidro 76.8
Durazno 81.0
Diaguitas 84.1
Elqui 84.8
El Algarrobal 86.6
Rivadavia 93.9

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